La vulva sus cambios tras el parto, menopausia y adolescencia. Enfermedades importantes.

La vulva (cuyo plural en latín es vulvae y su plural en español es «vulvas») es el conjunto de los órganos sexuales primarios externos de los mamíferos hembras. Está constituida por el monte de Venus, los labios y el clítoris. En anatomía humana, en contraposición con la anatomía animal, la parte más externa de la vagina o vestíbulo vulvar pertenece también a la vulva. Desde allí, la vagina conduce al útero y la uretra hacia la vejiga. Los órganos sexuales de otros grupos de animales, como los nematoda, también pueden ser denominados análogamente como «vulva»; sin embargo se diferencian por completo de la vulva de los mamíferos.

Anatomía macroscópica.

La vulva comprende los órganos sexuales primarios externos de la mujer. Estos son, por un lado, las partes que la enmarcan: monte de Venus y los labios mayores externos y, por otro, los labios menores internos, el clítoris y el vestíbulo vulvar con las salidas de la vagina, la uretra y las glándulas vestibulares.​ En la fase de formación de los órganos en el embrión (organogénesis) la vulva surge del tubérculo genital y de los tubérculos labioescrotales (tubercula labioscrotalia) ubicados a su lado.

El monte de Venus (mons pubis o mons veneris) y los labios mayores (labia majora pudendi) constituyen la delimitación exterior de la vulva. Hasta la pubertad (más precisamente, hasta la pubarquia) se hallan desprovistos de vello púbico, mientras que en las mujeres adultas sí están cubiertos por este. Los labios mayores poseen glándulas sebáceas, sudoríparas y odoriferas (estas últimas secretan sustancias perceptibles al olfato) y conforman la rima pudendi.

Entre los labios mayores externos están los llamados labios menores (labia minora pudendi), que también se denominan ninfas (nymphae). Estos no están cubiertos de vello y producen secreción sebácea. En la parte anterior de la comisura de los labios internos (denominada en anatomía humana commissura labiorum anterior y en anatomía animal commissura labiorum ventralis) está el clítoris. El clítoris es un órgano de forma cilíndrica, conformado por tejido eréctil, el cual está saturado de terminaciones nerviosas y es especialmente apto para reaccionar al tacto. Evolutivamente el clítoris es similar al pene masculino; tal como este último, posee un glande (glans clitoridis) y un prepucio (praeputium clitoridis). Las alas laterales del clítoris conforman los bulbos vestibulares, que corresponden a los cuerpos cavernosos del varón.

Los labios interiores rodean el vestíbulo vaginal, en el que desemboca la uretra (urethra femina) y tras el cual se halla la entrada de la vagina (introitis vaginaeostium vaginae en anatomía animal). La entrada de la vagina está parcialmente cerrada en algunas mujeres mediante una membrana o delgada capa de pliegues cutáneos que se denomina himen. Tras una extrema dilatación, usualmente tras un parto, el himen puede cicatrizar en forma de carunculae hymenales.

En el tercio inferior de los labios menores están ambas glándulas vestibulares, las glándulas de Bartholin [glandulae vestibulares majores] y varias glándulas vestibulares menores. Estas glándulas proveen de humedad al vestíbulo vaginal.​ La irrigación sanguínea de la vulva se produce a través de las ramas de la arteria pudenda interna; los nervios de la vulva provienen de ramificaciones del nervus pudendus (nervi labiales, nervus dorsalis clitoridis).

El aspecto de la vulva difiere considerablemente en cada mujer. Así, se diferencian ampliamente en muchas características como el tamaño del clítoris, de los labios, el color y estructura de la superficie, la distancia entre el clítoris y la desembocadura de la uretra y la distancia desde la comisura posterior de los labios internos (commissura labiorum posterior) hasta el ano.​ Estas variaciones explican también las diferencias con las imágenes, frecuentemente arregladas o retocadas de órganos sexuales externos, que corresponderían a un «modelo ideal de belleza».

 

Anatomía microscópica.

Las capas superiores de la mayoría de las partes de la vulva están constituidas histológicamente por epitelio simple, plano estratificado y no queratinizado, el cual sin embargo, en edades avanzadas tiende a la querantinización y a la atrofia. Las caras interiores de los labios menores presentan un epitelio plano estratificado no queratinizado, las caras externas muestran un epitelio débilmente queratinizado. En los labios mayores hay un epitelio plano estratificado y en su mayor parte queratinizado como cobertura de las caras interiores y completamente queratinizado en las cara exteriores. En la lamina propria del vestíbulo vaginal se alojan glándulas sebáceas que forman una película protectora contra la acción de la orina. Estas glándulas sebáceas se hallan tanto en los labios menores como en los mayores. Estos últimos presentan además células de la raíz del pelo, glándulas sudoríparas y células de musculatura lisa. En los labios y en el clítoris hay gran cantidad de terminaciones de fibras nerviosas sensibles y receptores.

Alimentación nerviosa de la vulva y del vestíbulo de la vagina.

La inervación a través del sistema nervioso somático posibilita un accionamiento en gran medida voluntario a través de esos nervios. Aquí el nervio más importante es el nervio pudendo, el cual nace del plexo sacro (Plexus lumbosacralis) de los segmentos medulares sacros 1 a 4 y alimenta con fibras somatosensibles y somatomotoras la mayor parte de los órganos sexuales femeninos. El nervio transcurre caudoventral por la cavidad pélvica, es decir, hacia abajo, en dirección a la base de la cavidad pélvica (salida de la pelvis), junto con la arteria y vena pudenda interna a través del foramen infrapiriforme en el Canalis pudendalis («canal de Alcock»). El nervio pudendo tiene varias ramificaciones:

  • Nervios rectales inferiores (caudales), inervan el entorno del ano y del esfínter externo del ano (Musculus sphincter ani externus).
  • Nervios perineales, también llamados nervios del suelo pélvico, alimentan la sensibilidad del periné) y la motricidad de los músculos isquiouretral, isquiocavernoso y bulboesponjoso. El músculo bulboesponjoso es un esfínter que circunda la vulva y el vestíbulo vaginal (Introitus vaginae). Por ello, también se subdivide en Musculus constricor vulvae y Musculus constricor vestibuli. A través de su trabajo de compresión o contracción, el músculo isqueocavernoso inhibe el vaciado venoso desde el Corpus cavernosum clitoridis a través de la Vena profunda clitoridis mejorando con ello la congestión del órgano del clítoris en su conjunto. Además, alimentan el músculo estriado en tormo a la uretra, el músculo esfínter externo de la uretra. Finalmente, los nervios perineales alimentan también, a través de los nervios labiales, a los labios menores, Labia minora pudendi.

Los músculos isqueocavernoso y las subdiviciones del músculo bulboesponjoso: Musculus constricor vulvae y Musculus constricor vestibuli, el último circunda directamente la entrada de la vagina.

  • Nervio dorsal del clítoris, es la rama final directa del nervio pudendo y constituye el nervio sensitivo más importante del glande del clítoris.

Otro nervio importante es el nervio ilioinguinal (Nervus ilioinguinalis), que surge de la zona lumbar, del Plexo lumbar del (Plexo lumbosacral a la altura de los segmentos T12 a L1, también este lleva tanto fibras somatosensibles generales como somatomotoras. Inerva partes de la musculatura esquelética abdominal, como así mismo la piel de los labios mayores, (Labia majora pudendi). Sus dos ramas son:

  • Ramas musculares, alimentan las secciones inferiores de la musculatura abdominal, el Músculo transverso del abdomen y el Músculo oblicuo interno abdominal.
  • Nervios labiales anteriores, alimentan los labios mayores, Labia majora pudendi. Sus ramas sensitivas también inervan la piel de la parte inferior del abdomen.

En resumen se puede describir la sensibilidad somática general de la siguiente forma: El monte de Venus, Mons pubis y aquella parte de los labios mayores Labia majora pudendi que está más arriba, en dirección al prepucio del clítoris se alimentan a través del Nervio ilioinguinal. Este tiene su origen a la altura del segmento L1 de la médula espinal. En cambio, la parte inferior, en dirección al periné y la parte posterior de los labios mayores, el clítoris y los labios menores (Labia minora pudendi) se inervan por los nervios labiales posteriores (Nervi labiales posteriores) del [[nervio pudendo. Esos tienen origen en los segmentos sacrales de la médula espinal, a la altura de S2-S3.

La inervación neurovegetativa a través del sistema nervioso autónomo se produce sobre todo a través del Plexus uterovaginalis, el cual constituye una red de fibras nerviosas (plexo) para la inervación del útero y la vagina, entre otros. Con este término se describe un plexo neurovegetativo en la pelvismenor de la mujer. Aquí se encuentran también los llamados ganglios de Frankenhauser. En cuanto a su ubicación espacial en la anatomía, tiene su límite muy cerca del plexo hipogástrico inferior. Este último , sin embargo, no contiene solamente fibras simpáticas sino que también parasimpáticas y está conectado con el plexo aórtico abdominal y el plexo hipogástrico superior. Desde este último llegan al plexo hipogástrico inferior las fibras simpáticas de ambos lados, a través del nervio hipogástrico. La conmutación a la segunda neurona de las fibras simpáticas no ocurre únicamente en el plexo hipogástrico inferior, sino que en parte también en el ganglio mesentérico inferior. Las fibras parasimpáticas tienen origen los nervios sacrales, desde el 2º al 4º, y llegan al plexo hipogástrico inferior a través de los nervios esplácnicos pélvicos.

A través del sistema nervioso neurovegetativo se regulan no solamente el mantenimiento del equilibrio interno (homeostasis) de funciones vitales importantes como el latido cardíaco, la respiración, la digestión y el metabolismo, sino también de órganos y sistemas orgánicos tales como los órganos sexuales, las glándulas endocrinas (hormonas), glándulas exocrinas (como por ejemplo las glándulas sudoríparas, el sistema vascular (irrigación o congestión, presión sanguínea) y similares.

La estimulación sexual se conduce a través del nervio pudendo, más precisamente, del nervio dorsal del clítoris y los nervios labiales hasta las áreas nucleares parasimpáticas en la médula sacra y, desde allí, de manera refleja a través de las fibras nerviosas, los impulsos de los nervios esplácnicos pélvicos hacia el tejido eréctil del clítoris y la entrada de la vagina Introitus vaginae, que se yerguen o agrandan a través del incremento de irrigación sanguínea.​ Al mismo tiempo, las fibras nerviosas parasimpáticas activan la secreción mucosa de las glándulas del vestíbulo de la vagina. También el aumento de tamaño en la cavidad posterior de la vagina, en el Fornix vaginae y la erección del útero constituyen respuestas reflejas de la estimulación sexual.

Los puntos de origen de esta excitación sexual son los receptores corpusculares ubicados en la entrada de la vagina (Introitus vaginae), en las superficies mediales que se encuentran hacia adentro de los labios menores, en la Carina urethralis vaginae y en el clítoris, tales como los corpúsculos de Ruffini, los de Merkel y los de Vater-Pacini, así como nociceptores o terminaciones nerviosas libres (mecanorreceptores de la piel), estructuras que faltan en el interior de la vagina o que existen muy escasamente.

Anatomía comparada.

Vulva de elefante.

Por regla general, se denomina vulva únicamente a los órganos sexuales femeninos externos de los mamíferos, aunque en la literatura científica la denominación se utiliza también para estructuras funcionalmente comparables o análogas de otros grupos de animales, como por ejemplo en los gusanos redondos (Nematoda).

Ano, perineo y vulva (levemente abierta) de una gata doméstica

En los mamíferos placentarios, la salida de la uretra y de la abertura sexual están separadas de la salida del intestino por un dique (perineo). Los animales con cloaca no poseen vulva ni vagina: ambos órganos (útero y uretra) desembocan, en conjunto con el intestino, en una cloaca. Todos los mamíferos, incluidos los humanos, forman cloacas durante el desarrollo embrional. En el caso de los marsupiales y los mamíferos superiores que presentan placenta se produce más tarde esta separación, con una capa de tejido, el septo urogenital (o septum urogenitale), en un área anterior con los órganos sexuales y la vejiga y un área posterior con la salida del intestino.

La conformación esencial de la vulva presenta solo muy pocas diferencias entre los mamíferos. Sin embargo, una particularidad sustancial de la vulva humana consiste en la existencia de los labios mayores: la mayoría de los mamíferos poseen un único par de labios, los que en anatomía comparada se diría que corresponden a los labios menores de la mujer (correspondencia en el sentido de una homología). El hueso pubis tampoco se incurva hacia adelante, como monte de Venus, en los animales.​ En la mayoría de los animales, el vestíbulo vaginal es claramente más largo que el espacio demarcado por los labios, de modo que el vestíbulo vaginal no se cuenta entre las estructuras de la vulva en la nomenclatura anatómica veterinaria. El himen, que en muchos mamíferos se presenta como un pliegue anular escasamente demarcado, tampoco pertenece a la vulva. En muchos animales mamíferos el prepucio del clítoris está fuertemente adherido al glande, de modo que no se forma allí un pliegue o hendidura.

Fisiología.

Hinchazón cíclica en una hembra Papio.

Debido a la dotación de glándulas sebáceas, sudoríparas y odoríferas, se produce una producción permanente de sebo y sudor, especialmente en el área comprendida entre los labios y en el vestíbulo, que se encargan de humedecer las mucosas de los genitales. Los restos de sebo pueden mezclarse con impurezas de los pliegues mucosos de la vulva y formar el llamado esmegma.

En su conjunto, los cambios fisiológicos de la vulva aparecen sobre todo antes y durante la relación sexual, como asimismo durante el parto.

Cambios de la vulva durante el ciclo estral.

En muchos mamíferos se presentan también cambios en la vulva durante el ciclo estral, cuya magnitud varía individualmente y según la especie. En el «celo» (estro) se produce una irrigación más intensa y con ella una hinchazón y enrojecimiento de la vulva,​ como se puede observar, por ejemplo, en la hinchazón periódica de diversos primates.

Cambios de la vulva en el ciclo de respuesta sexual humana y en el acto sexual.

Labios en estado normal y en estado de excitación sexual en una mujer con una lubricación claramente visible

Al producirse la excitación sexual, aparecen numerosos cambios fisiológicos en la vulva, los que en su conjunto preparan el tracto genital femenino para la relación sexual. Las reacciones se clasifican en diversas fases que se ordenan temporalmente de manera secuencial: la fase de excitación, la fase de meseta, la fase del orgasmo y la fase de resolución.

La fase de excitación puede extenderse durante varias horas y se desata a través de la estimulación mecánica o estímulos sexualmente excitantes (también psíquicos, como por ejemplo las fantasías o sueños sexuales). La fase se caracteriza por una irrigación intensificada de las estructuras de la vulva. Esta se produce mediante vasoconstricción de los vasos sanguíneos venosos que allí divierten. Se produce una hinchazón del clítoris y del tejido eréctil vestibular (erección), y la piel adquiere una coloración más oscura.

Comienza la lubricación vaginal, es decir, una creciente liberación de secreciones desde las glándulas sexuales accesorias, la que se intensifica en la fase de meseta. La lubricación sirve para humedecer la vagina y los labios, para facilitar la penetración y el deslizamiento del pene en la vagina. La estimulación mecánica de la piel de la vagina a través del pene que se ha introducido refuerza la erección de la vulva y conduce a la hinchazón de la pared vaginal inferior.

La fase orgásmica va acompañada de contracciones musculares de la musculatura del suelo pélvico. Inmediatamente antes del orgasmo se retrae el glande del clítoris bajo el prepucio clitórico. Directamente después del orgasmo, el clítoris es con frecuencia muy sensible y la estimulación adicional puede ser en ocasiones percibida como desagradable.

Hinchazón de la vulva en una mujer embarazada.

En la fase de resolución que sigue al orgasmo se produce un vaciamiento de la sangre de la región, determinado por vasodilatación. Las estructuras se deshinchan, la humedad disminuye y se instala nuevamente el estado normal.

Cambios de la vulva durante el embarazo.

Sobre todo en el último tercio del embarazo, en muchas mujeres se produce una mayor pigmentación de la linea alba, de la areola del pezón y de la vulva. Entonces, según cuán marcada sea la coloración, se denomina linea nigra (‘línea negra’), o también linea fusca (‘línea marrón’). Esta pigmentación se produciría supuestamente por una mayor liberación de la hormona estimulante de melanocitos. Estos cambios se cuentan entre los signos de un probable embarazo. Además, por la fluxión de las venas en la pelvis, puede ocurrir hinchazón y formación de várices en el área de la vulva (varicosis vulvae gravidarum o varicosis vulva in graviditate).

Cambios de la vulva durante el parto.

Durante el parto se produce sobre todo un ablandamiento de la musculatura vaginal, a través de las contracciones y la apertura del cuello del útero y del canal vaginal (fase de dilatación del parto) que permitirá la dilatación completa en la siguiente fase del trabajo de parto (fase de expulsión). Esta dilatación afecta, además, al tejido eréctil del vestíbulo, así como también al tejido de los labios y del perineo, el cual puede desgarrarse rompiéndose por la presión y en ocasiones se corta quirúrgicamente durante el parto (episiotomía) para evitar los desgarros vaginovulvoperineales.

Desarrollo ontogenético.

Prenatal.

Durante las primeras ocho semanas del desarrollo embrional, los embriones masculinos y femeninos presentan los mismos órganos sexuales rudimentarios. Debido a ello, este período también se denomina estadio indiferenciado. En la sexta semana se desarrolla el tubérculo genital, así como también los dispositivos del tracto urinario. Tras la octava semana, comienza la producción de hormonas del embrión y los órganos sexuales empiezan a desarrollarse en direcciones diferentes. No obstante, casi no se pueden determinar diferencias visibles hasta la duodécima semana. Si se produce testosterona y los receptores en los tejidos están intactos, se desarrollan bajo su influencia órganos genitales externos masculinos. En ausencia de testosterona, se produce la formación de órganos genitales femeninos. En el transcurso del tercer mes se desarrolla el clítoris a partir del tubérculo genital. Los pliegues urogenitales se desarrollan conformando los labios menores (internos), el Tuberculum labioscrotale conforma los labios mayores (externos).

Neonatal y postnatal.

Aparato reproductor femenino en una ecografía en la 14.ª semana del embarazo

Inmediatamente después del nacimiento, las estructuras externas de los genitales se encuentran frecuentemente hinchadas y muestran un tamaño desproporcionado. Esto se explica en ocasiones por una alta exposición a las hormonas maternas. Por lo general, la hinchazón declina a los pocos días tras el nacimiento y la vulva presenta entonces el tamaño normal. En lo sucesivo, la vulva casi no cambiará estructuralmente durante toda la infancia y hasta el comienzo de la pubertad, aparte de que crecerá en conjunto y proporcionalmente con todo resto del cuerpo.

Desarrollo en la pubertad.

En la pubertad la vulva sufre un cambio notable, ya que los genitales externos también reaccionan a las hormonas sexuales. El color de la piel cambia y las estructuras de la vulva se hacen más grandes y marcadas. Este desarrollo afecta al clítoris y a los labios menores y mayores, muy especialmente, sin embargo, la piel sensible a las hormonas de la vagina y de su vestíbulo. En el área de la vulva, es decir en el monte de Venus y en los labios mayores, comienza en la pubertad el crecimiento del vello púbico.

La configuración de la vulva muestra diferencias individuales. Así por ejemplo, el clítoris puede estar en parte visible o completamente cubierto, o puede ser que los labios menores sean más grandes que los mayores. Estas diferencias no constituyen manifestaciones patológicas, sino que son totalmente normales.

Cambios tras la menopausia.

Tras la menopausia pueden producirse cambios distróficos de diversa importancia en la vulva, especialmente una merma del tejido adiposo con una disminución del espesor cutáneo.​ Se produce una regresión de los labios, una disminución del tamaño del clítoris, estrechamiento de la entrada de la vagina y sequedad de la piel de la vulva. Estos cambios son causados por el descenso en la producción de estrógenos endógenos, aunque los tejidos de la vulva reaccionan a los estrógenos notoriamente menos que otros órganos.

Malformaciones.

Las malformaciones de la vulva se cuentan entre las displasias genitales. Se presentan en su mayor parte en el área del vestíbulo vaginal. Así se encuentran especialmente formas del himen que cierran una gran parte de la entrada a la vagina o completamente, en el caso de la atresia del himen. En el área de la desembocadura de la uretra (Urethra feminina) se encuentran anomalías como la estenosis, hipospadias y epispadias. Una hipertrofia del clítoris también puede aparecer como malformación o ser un signo de una alteración hormonal en el contexto de otras enfermedades. Las adherencias en los labios mayores, denominadas «sinequias de los labios», se originan por causa del reposo hormonal en la edad infantil o por infecciones. Representan por ello más bien una enfermedad infecciosa (no una malformación).

Enfermedades y patologías.

En la vulva pueden aparecer una serie de enfermedades diferentes, las que en parte pueden involucrar a los genitales internos. Entre las patologías de la vulva se incluyen la vulvitis, el liquen plano, las neoplasias (condilomas asociados al VPH, la enfermedad de Paget vulvar y raramente el cáncer de vulva), las aftas genitales (síndrome de Behcet) y el eritema multiforme.

Los tumores de la vulva tienden a ser benignos, aunque también puede presentarse un cáncer en la vulva:

  • Papiloma vestibular, por lo general asociado al VPH.
  • Pólipos fibroepiteliales benignos.
  • Condiloma acuminado, verrugas causadas por el VPH no oncogénico (cepas 6-11).
  • Hidradenoma papilifero, nódulos de las glándulas sudoríparas.
  • Quiste epidermoide.
  • Otras lesiones benignas:
    • Lipoma.
    • Hemangioma.
    • Granulomas.
    • Leiomioma.
  • Neoplasia intraepitelial vulvar, displasias leves a moderadas con potencial a malignidad en estados avanzados.
  • carcinoma in situ.
  • cáncer de células escamosas, levemente invasor (1-2 mm de la superficie) o francamente invasor (más alejado de la superficie).

Inflamaciones e infecciones.

Verrugas genitales de la vulva.

Las regiones cutáneas del área de los labios mayores y del monte de venus, en su constitución diversa con piel de epitelio queratinizado y cubierta de vello, la piel más fina de los labios menores, así como las mucosas húmedas en el vestíbulo vaginal, en conjunto con la región anal y debido a su microclima y alta humedad, llevan a que se de allí una mayor frecuencia de enfermedades que en otras regiones del cuerpo.

Las infecciones agudas y crónicas se cuentan entre las más frecuentes enfermedades de la vulva. Si estas infecciones o inflamaciones afectan solo a los genitales externos se denominan «vulvitis»; más frecuentemente se produce una inflamación en conjunto de la vulva y de la vagina (vaginitis), la cual se denomina entonces «vulvovaginitis». Una vulvitis puede producirse por agentes externos, como sustancias tóxicas, ropa interior irritante o pantalones estrechos, reacciones alérgicas, flujo vaginal (fluor genitalis) aumentado, alteraciones metabólicas y sustancias venenosas.

Otras causas de inflamaciones son las infecciones virales, bacteriales o producidas por hongos. Entre los virus, desempeña aquí un papel importante sobre todo el virus del papiloma humano (HPV), el +virus del herpes simple (HSV-1 und -2) y el virus del molluscum contagiosum. Las infecciones bacteriales más frecuentes son causadas por Streptococcus pyogenesStaphylococcus aureus (foliculitis, pseudofoliculitis), Corynebacterium minutissimum (eritrasma), Neisseria gonorrhoeae (gonococo) y Chlamydia trachomatis (clamidia). Entre los hongos, tienen importancia sobre todo los del tipo Candida albicans, responsables de la candidiasis, y el Trichophyton rubrum, causante de la dermatofitosis de la vulva. Algunas de estas infecciones pueden además ser causa de otras enfermedades más graves. Así por ejemplo, los gonococos constituyen el agente causante de la gonorrea, en tanto que el virus del papiloma humano es la principal causa desencadenante de las verrugas, verrugas genitales, eritroplasis así como también del cáncer cervical, una enfermedad cancerosa del cuello del útero. Una infección con Treponema pallidum produce sífilis (lúes), cuya lesión primaria se produce en los labios o en la vagina por contagio en la relación sexual.

Flujo vaginal en la gonorrea.

También existen las infestaciones parasitarias, causada por ejemplo por ladilla o piojo púbico (Pthirus pubis) o por ácaros de sarna (Sarcoptes scabiei).

Un cierre de la salida de las glándulas de Bartolino conduce a una acumulación de secreción que forma un pseudoquiste. En el caso de una infección bacterial se produce a consecuencia de ello una bartolinitis.

En los animales pueden manifestarse en la vulva toda una serie de enfermedades de transmisión sexual, como el Herpes equino, la sífilis equina, la vulvovaginitis infecciosa pustulosa bovina (IPV), las infecciones por Trichomonas foetus (también llamada tricomonosis bovina), el sarcoma de Sticker (CTVT) que afecta a los perros, y la sífilis del conejo. El germen patógeno de la infección contagiosa del útero equino, Taylorella equigenitalis, puede persistir durante años en los pliegues y recovecos del clítoris.

Enfermedades crónicas.

Pueden producirse diversas formas de distrofia de la vulva por la influencia de diversas causas, cambios en el epitelio transicional con queratinizaciones o encogimientos de la piel de causa prácticamente desconocida. La mayoría de las formas de la distrofia vulvar, por ejemplo la craurosis, también llamada Lichen sclerosus, aparecen tras el comienzo de la menopausia (climaterio).​ Algunas displasias de la vulva se dan en presencia de células atípicas y representan manifestaciones precancerosas que pueden derivar en un tumor de la vulva maligno. Estos estadios previos del cáncer de la vulva se denominan también neoplasia vulvar intraepitelial (NVI). En su mayoría, aparecen entre los 60 y 80 años y se localizan en los labios mayores. El cáncer vulvar puede formar metástasis. La terapia es quirúrgica, a través de la extirpación de áreas de la vulva (vulvectomía). Más frecuentemente se trata, sin embargo, de lipomas y fibromas, que se forman como tumores benignos en diferentes áreas de la vulva.

Una enfermedad de causa hasta ahora no explicada es la vulvodinia, que se caracteriza por dolores persistentes en los labios mayores y en otras áreas de la vulva. Se parece a la vaginodinea (dolores de la vagina) y se clasifica junto a ella entre los síndromes dolorosos crónicos de las zonas genitales.​ Se discuten como posibles explicaciones, por ejemplo durante la menopausia, los cambios hormonales y también las causas psíquicas.

Debido a una insuficiencia venosa crónica (debilidad) de las venas de la zona pélvica, en especial, de la vena ovárica, se pueden producir várices, de manera análoga al varicocele masculino.

Cambios realizados en la vulva de manera artificial.

Las modificaciones de la vulva pueden ocurrir por razones médicas y, en el caso de los seres humanos, también por razones culturales y por preferencias estéticas. Estos cambios van desde el retiro del vello púbico mediante depilación hasta las intervenciones en las que se retiran partes de la vulva.

Depilación.

En el ámbito cultural occidental la modificación más ampliamente difundida es la depilación completa o parcial del vello púbico. En otras culturas, o correspondientemente, en épocas más tempranas de la cultura occidental esta práctica está documentada. El islam espera que el vello púbico sea retirado.​ Alrededor del cambio de milenio 1999/2000 esta práctica tuvo también una amplia difusión en la sociedad de occidente.​ Según una encuesta del año 2009, el afeitado del área genital estaba muy difundido en Alemania en el grupo de 18 a 25 años (69,7 % de las mujeres).

El rasurado íntimo no deja de ser problemático. Las mujeres que se afeitan sin seguir la dirección natural del crecimiento son más propensas a las infecciones de la raíz del pelo.

Piercing en los labios menores y del clítoris y depilación del vello púbico

Piercing.

Estiramiento labial.

Se designa estiramiento labial o alargamiento de los labios vaginales (también conocidos como Sinus pudoris o macronympha es una característica de ciertos grupos khoisan, cuyos miembros femeninos desarrollan labios menores relativamente alargados, colgando hasta cuatro pulgadas fuera de su vulva cuando están de pie en una posición vertical.

Los labios alargados, se perciben para facilitar el orgasmo y la eyaculación femenina, y se consideran que realza el placer sexual en la pareja. Las mujeres que tienen labios con longitudes desiguales, pueden aumentar el tamaño del más corto para lograr la simetría. También se pueden plegar hacia adentro, bloqueando parcialmente la entrada a la vagina.

Cambios quirúrgicos por prescripción médica.

La extirpación quirúrgica, completa o parcial de los labios mayores, de los menores, de otras partes de la vulva o del tejido que se halla debajo de la vulva se denomina vulvectomía. Puede ser necesaria en casos de carcinomas de la vulva, también, aunque más raramente en el caso de una avanzada distrofia de la vulva en mujeres mayores. En una extracción operativa radical para tratar una enfermedad cancerosa pueden retirarse también los ganglios linfáticos de la zona inginal y de la pelvis. Una vulvectomía parcial puede además aplicarse en el caso de una neoplasia vulvar intraepitelial.

La extirpación quirúrgica del clítoris se denomina clitoridectomía, donde es raro el caso de una prescripción médica debido a enfermedades cancerosas específicas.

Mutilación tradicional.

La clitoridectomía se realiza hoy día principalmente en el contexto cultural, como una mutilación de los genitales femeninos (infibulación).​ En ciertos círculos culturales, predominantemente en regiones africanas, se realiza el corte o en su defecto la mutilación o truncamiento de los genitales femeninos como práctica cultural. No existe para esto ninguna necesidad médica, sino que más bien son razones culturales las que desempeñan aquí un papel. El alcance de la intervención varía y va desde la extracción del prepucio clitórico hasta la completa extirpación de los genitales externos y costura de la vagina.

Debido a las trascendentales consecuencias para el cuerpo y la vida de las mujeres jóvenes y adultas afectadas, desde hace tiempo esta práctica es blanco de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos y de derechos de las mujeres. Numerosas organizaciones, entre ellas, Naciones Unidas, UNICEF, UNIFEM, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Amnistía Internacional se declaran en contra de la infibulación y la catalogan como una violación de los derechos humanos y del derecho a la integridad corporal. Para poner énfasis en estos aspectos, se ha establecido internacionalmente el concepto de «female genital mutilation» (mutilación genital femenina).

Modificaciones de la vulva por otros motivos.

Algunas mujeres se someten a diversas medidas quirúrgicas como la labioplastía, donde se pueden reducir o retirar los labios menores, a veces también realizar (reducción del prepucio clitórico), aumentar el tamaño de los labios mayores, estrechar la entrada de la vagina, construir un himen o variar la posición del clítoris. ​ Esto ocurre sobre todo por motivos estéticos subjetivos, rara vez por razones médicas.​ Es por esto que la mayor parte de estas intervenciones se agrupan bajo el concepto de «cirugía cosmética genital femenina» (FGCS: female genital cosmetic surgery). Las medidas quirúrgicas en los marcos de un cambio de sexo, la cirugía de reasignación sexual en el caso de las personas intersexuales o la mutilación de genitales femeninos no se cuentan entre las cirugías FGCS.

La vulva en el arte y en la cultura.

Vulvae en símbolos de diferentes épocas y entornos culturales.

La Venus de Hohle Fels.

La vulva siempre tuvo regularmente, y hasta hoy tiene, una llegada hacia el arte y la cultura, en particular debido a su relación con lo sexual, así como por su función como parte del canal del nacimiento. Se la considera un símbolo de la fertilidad (una «gran madre»)​ y al mismo tiempo un símbolo del deseo. Junto a las representaciones paleolíticas de mujeres (figuras de Venus), cuya vulva aparece enfatizada, se encuentran también petroglifos temporalmente más jóvenes, como en las cuevas de Fontainebleau en Francia, que con frecuencia representan vulvas.

Además, la presentación de la vulva fue entendida en algunas culturas como un amuleto para rechazar poderes malignos.

En culturas diferentes aparecen una y otra vez símbolos iguales o similares que representan a la vulva. Numerosas representaciones del Paleolítico dan cuenta también en Europa de estas actitudes de rendición de honores y culto. Sin embargo, la posición cultural frente al genital femenino se diferencia entre los diferentes contextos culturales. Mientras que en algunas culturas la vulva más bien se tabuiza y en el espacio público se cubre, otras culturas manifiestan un culto a la vulva. Así, la vulva ha sido honrada en fiestas y considerada sagrada.

En las excavaciones realizadas en la Hohle Fels-Höhle, en Schwäbischen Alb entre el 5 y el 15 de septiembre de 2008, se encontró una estatuilla tallada en marfil de mamut del tiempo Auriñaciense, la llamada Venus de Hohle Fels. En este contexto se constató que la representación de la vulva entre las piernas había sido acentuada, lo que se interpretó como una «exaltación consciente de las características sexuales».

En la Edad Media, y principalmente en Irlanda, surgieron sobre las entradas de los monasterios y castillos las así llamadas Sheela-na-Gig, unas esculturas en piedra que representan vulvas generalmente sobredimensionadas y proyectadas hacia afuera. En las fachadas de las iglesias de la alta Edad Media también se utilizaron vulvas como piezas ornamentales, mientras que en las medallas y utensilios de los peregrinos de la Edad Media tardía hay imágenes de vulvas y penes en distintas variaciones, como por ejemplo una aguja para prender la manta con una vulva dotada de brazos, piernas y sombrero representando un peregrino. El sentido de estos utensilios ya no se conoce y se interpretan tanto como parodias de insignias comunes, como también como amuletos para traer buena suerte.

Entre los cultos de veneración de la vulva se cuenta el culto hinduista al «yoni» (vulva) y al «lingam» (falo), ídolos de piedra que simbolizan la sexualidad de la diosa Parvati y el dios Shiva. En conjunto, ambos representan el origen de la vida.

​* Información wikipedia.